sábado, 14 de abril de 2012

Pensiones privadas, ¿en serio?

Mi modesto plan de pensiones se está yendo al garete. La cuestión es
que es el tercero que tengo, cada uno más conservador que el anterior, porque los otros se iban al garete aun más rápido si cabe. Esto me ha hecho reflexionar sobre todo el tema de las pensiones públicas y privadas.

El ideario neo-liberal, que tiene soluciones para todo menos para si mismo, tiene muy claro como arreglar los (supuestos) problemas de las pensiones públicas: compensándolas (cuando no sustituyéndolas) con planes de pensiones privados. Y partiendo de esta propuesta, la sociedad se pone a discutir sobre las implicaciones sociales y éticas de la idea. Y ahora yo me pregunto si hace falta ponerse a discutir sobre si la idea es moralmente aceptable o no, cuando tal vez bastase con analizar si es, siquiera, eficaz.

Es la crisis económica la que ha encendido el debate: se nos dice que, en la situación actual, las pensiones públicas son insostenibles. Y digo yo: ¿a caso no afecta igualmente la crisis a las inversiones privadas? Si el Estado de Bienestar se hunde, lo seguirán todas las empresas que dependen del consumo de la clase media, que son la mayoría, con la consiguiente caída de cualquier inversión, planes de pensiones o lo que sea.

Ante cualquier crisis, la respuesta de una parte de la sociedad es automática, refleja: «la culpa es de la gestión pública, la solución es la gestión privada«. Pero que lo público esté fallando no significa, ni mucho menos, que lo privado vaya a ser la solución, cuando ambos están fundamentados en el mismo sistema, que es el que, realmente, está fallando. Cuando el barco se hunde en aguas profundas, da igual quedarse en cubierta o subirse a las antenas, uno va acabar en el agua. La única solución real pasa por buscar un nuevo barco.

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