lunes, 16 de julio de 2012

Cuestión de pelotas

Hace algunos días la bancada popular en el Congreso de los Diputados aplaudía eufórica el anuncio de los recortes hecho por Rajoy. Pero no con la euforia alegre del que consigue un logro difícil después de mucho trabajo (ni ha sido un logro, y lo saben, ni les ha supuesto trabajo alguno) sino, como Andrea Fabra se encargaría de constatar, con la vehemencia de quien se acalora con el arrojo del prójimo, como en el fútbol o los toros. Como muchos de sus partidarios se ocuparon más tarde de manifestar públicamente, Rajoy le había echado pelotas y fuera lo que fuera lo que hubiera hecho, eso era lo que contaba.

Más o menos al mismo tiempo la Marcha Negra se manifestaba en Madrid y, al menos en Twitter, se difundía el mensaje de que lo importante no era la discusión sobre la minería, sino que los mineros son los únicos con pelotas para luchar por sus intereses e, independientemente de todo lo demas, eso es lo que cuenta.

Y es que en este país analizar los problemas, el pensamiento crítico, son entretenimientos de salón, más bien propios de culturetas, burgueses, y gente débil u ociosa en general. Las cosas son las que son, lo que está bien está bien y lo que está mal está mal, lo que cae a la derecha cae a la derecha y lo que cae a la izquierda cae a la izquierda, y lo único que hace falta es echarle pelotas y poner a cada cual en su lugar. Y durante los dos últimos siglos nos ha ido de maravilla.

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