miércoles, 8 de agosto de 2012

La gran verdad de Gordillo

Una de las grandes habilidades de los políticos y medios de comunicación afines, tal vez la mayor, es la de conseguir siempre que el debate público se aparte de los puntos fundamentales o críticos de las cuestiones para discutir aspectos accesorios o estéticos, de forma que sean pocas las posibilidades de que al final se llegue a alguna conclusión que pueda amenazar su posición.

Como era de esperar, en un caso tan sensacionalista como el de los robos a supermercados con la participación del parlamentario Juan Manuel Sánchez Gordillo, la cosa prácticamente fue rodada. Y ahora la discusión gira entorno a si Gordillo debe ser o no procesado, si es un héroe o un cínico oportunista y sobre la catadura moral de este tipo de acciones y su eficacia.

Sin embargo, tal y como están las cosas, nada de eso tiene importancia. Lo que si la tiene es el contexto que ha dado lugar a la iniciativa y que Gordillo ha expresado bastante bien, aunque la jerga sea un tanto rancia (fuente):

«El polvorín de la desigualdad está encendido».

Desconozco si la frase iba como amenaza. Pero independientemente de su intención, enuncia un hecho. Importa un carajo que los actos vandálicos, anti-sistema, revolucionarios o como se los quiera llamar sean o no moralmente aceptables, o que se dé ejemplo o no condenando a Gordillo y poniendo un cuerpo de francotiradores de la Guardia Civil en cada supermercado. Cuando la gente no tiene que perder, se lía. Siempre ha pasado, siempre pasará. Ningún programa educativo o política opresiva (sin meternos en ciencia ficción) evitará que una familia se ponga a saquear supermercados y quemar cosas cuando sus niños pequeños pasan hambre. Y da igual en que lado del espectro político se muevan y que sea inmoral o que sirva para algo. Es natural e inevitable como la fuerza de la gravedad. Y a partir de ahí todo se va a la mierda durante bastante tiempo.

Pues hacia ahí es hacia donde estamos yendo. Y nada, ni todas las fuerzas de seguridad del Estado ni Gordillo condenado a la pena de muerte podrán evitarlo. Nada, claro está, salvo devolver el bienestar a la sociedad. Y discutir cualquier otra cosa que no sea como alcanzar ese objetivo de forma civilizada y lo antes posible me parece perder el tiempo.

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