viernes, 22 de agosto de 2014

Asociación de Madres Violentas

«¿Y cómo sabes que las mujeres quieren ser el tipo de mujer que propugna el feminismo? ¿Cómo sabes que la mayoría no quieren ser madres y dedicarse a criar a sus hijos?»
Estas son buenas preguntas que me hacían, por tercera vez, hace poco. Digo que son buenas preguntas porque, a parte de encerrar algunos de los malentendidos más comunes sobre el feminismo, resultan una buena base para explicar lo que, en realidad, hay detrás de él.

Para empezar, yo no sé lo que quieren las mujeres. En realidad no creo que existan «las mujeres», ni siquiera «una mayoría de mujeres», igual que no creo que existan «los hombres» ni «una mayoría de hombres». Estos conceptos, ademas de falsos son peligrosos, pues inculcados en la sociedad vinculados a una idea resultan terriblemente eficaces a la hora de preservar esa idea contra hecho y argumento. Si convences a la sociedad de que «la mayoría de personas cagan en las farolas, es normal», tendrás varios siglos de gente cagando a la luz del farol.

Esa idea, la de que los colectivos sexuales son inválidos, no es mía ni es aislada. Se trata de uno de los pilares fundamentales del feminismo. Y me da igual cuantas feministas hayas oído o leído hacer generalizaciones que te parecen que van en contra de esa idea. O tu no las has entendido bien a ellas, o ellas no han entendido bien de que va el tema: el feminismo implica que no se deben asignar roles a un sexo. Punto.

Pero esto sólo responde a la primera pregunta y lo hace cambiándola por otra: entonces ¿qué quiere el feminismo?

Y es esa pregunta la que, precisamente, se responde mejor dando salida a la cuestión pendiente: ¿cómo sabes que la mayoría no quieren ser madres y dedicarse a criar a sus hijos?

Pues no lo sé pero es que no necesito saberlo, porque no se trata de eso. El problema no es que las mujeres sean madres; el problema es que las mujeres sean madres sumisas y obedientes. Primero las madres tuvieron que someterse al hombre por comida, después por religión, después por exigencias militares y políticas y ahora por razones económicas. ¿Cómo es que un grupo que tiene el poder sobre el futuro se resigna a verse siempre supeditado a ser tutelado y mantenido? ¿Cómo es que aun no han exigido un sueldo, seguridad social, reconocimiento cultural efectivo? Esas son las preguntas que hay que hacerse, porque en sus respuestas se esconde todo lo que de patriarcal y machista tiene nuestra sociedad.

El feminismo no pide a y para las mujeres nada que cualquier otra ideología no pida a su colectivo oprimido (proletarios, ciudadanos...): responsabilidad sobre uno misma y sobre la sociedad que compone. Una exigencia que puede ser ignorada, pero a la que no se puede renunciar y que lo mismo puede llevarse a cabo siendo ama de casa que banquera.

Ahí es cuando sabré que el feminismo ha triunfado. Incluso aunque la mayoría de las mujeres decidieran criar a sus hijos y ser amas de casa: si esa totalidad consigue consciencia de clase y decide dejar de atender el hogar hasta que no se les de una digna representación en la cultura; si deciden ponerse en huelga de maternidad hasta que tengan un sueldo digno y pueden decidir sobre su cuerpo; si en todo ello reciben el apoyo del resto de mujeres y de la mayoría de hombres en lugar de represión y tentetieso; entonces sí, aceptaré que el feminismo ya no es necesario. Hasta entonces, nos vemos en las barricadas.

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